Summer Heat Intensifies Hot Flashes and Night Sweats in Menopausal Women by 66%

Los sofocos de la menopausia empeoran en verano, y la ciencia explica por qué. Según La Opinión de Murcia, un 66% más de mujeres menopáusicas sufren sofocos y sudores nocturnos en los meses de calor respecto al invierno. La razón está en cómo el calor exterior desestabiliza un sistema de regulación térmica ya de por sí alterado.
El sofoco no es solo una sensación de calor. Es una respuesta fisiológica del hipotálamo, la zona del cerebro que actúa como termostato del cuerpo. En la menopausia, ese termostato pierde precisión. Y en verano, con temperaturas más altas, el margen de error se reduce todavía más.
El hipotálamo regula la temperatura corporal dentro de una «zona de confort» térmica muy estrecha. Cuando detecta calor, activa la sudoración y dilata los vasos sanguíneos para enfriar el cuerpo. En condiciones normales, esta zona de confort tiene un rango de tolerancia de aproximadamente 0,4 °C. En la menopausia, ese rango se reduce casi a cero, según informa El Periódico de Extremadura.
El motivo es la caída de estrógenos. Estas hormonas influyen directamente en los neurotransmisores que controlan el hipotálamo. Sin ellas, el cerebro interpreta cualquier pequeño aumento de temperatura como una alarma. Entonces activa una respuesta de enfriamiento exagerada: el sofoco.
En invierno, la temperatura ambiental es más baja y el cuerpo tiene más margen antes de activar las alarmas. En verano, el calor exterior ya empuja la temperatura corporal hacia el límite. Cualquier pequeño estímulo adicional —una taza de café, estrés o simplemente estar en una habitación cálida— puede desencadenar un sofoco, según Información.
Esa es la razón detrás del dato: un 66% más de sofocos en verano. Las noches también se ven afectadas. Las temperaturas nocturnas más altas del verano provocan más sudores nocturnos, lo que interrumpe el sueño y agrava el cansancio. Según El Correo Web, este ciclo de mala calidad del sueño puede a su vez intensificar los sofocos diurnos.
No todas las mujeres menopáusicas son igual de vulnerables al calor. El índice de masa corporal elevado, el tabaquismo y el sedentarismo aumentan la frecuencia e intensidad de los sofocos. El tejido graso genera calor metabólico adicional, lo que sobrecarga aún más el termostato cerebral, explica El Día.
Otros desencadenantes comunes en verano son el alcohol, las comidas picantes y la ropa sintética que no transpira. Según La Opinión de A Coruña, incluso el estrés térmico acumulado a lo largo del día puede hacer que los sofocos nocturnos sean más frecuentes e intensos, aunque la temperatura de la habitación sea relativamente fresca.
Los expertos recomiendan mantener los espacios frescos con ventiladores o aire acondicionado, usar ropa de algodón y beber agua fría con regularidad. Evitar el alcohol y las bebidas con cafeína también reduce la frecuencia de los episodios. Según Diario Córdoba, dormir en habitaciones a menos de 19 °C puede reducir significativamente los sudores nocturnos.
Para los casos más graves, la terapia hormonal sustitutiva (THS) sigue siendo el tratamiento más eficaz. Reduce los sofocos en hasta un 90% de los casos. Sin embargo, no es adecuada para todas las mujeres. Sport recuerda que opciones no hormonales como la fezolinetant, un fármaco aprobado recientemente, ofrecen una alternativa para quienes no pueden recibir hormonas.
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