Spain Fights Devastating Wildfires with €1 Billion Prevention and Rural Comeback Amid Climate Crisis

España lleva quemadas hasta 180.000 hectáreas en lo que va de año, una cifra seis veces mayor que la del mismo periodo en años anteriores, según El Periódico. Los incendios han arrasado desde Los Gallardos en Almería hasta los Arribes del Duero en Zamora, en 38 grandes fuegos —cada uno de más de 500 hectáreas—. Los expertos los llaman «incendios de sexta generación»: tan intensos y rápidos que ningún medio aéreo puede apagarlos.
Ante esta crisis, los científicos y gestores forestales coinciden en un diagnóstico claro: España necesita invertir 1.000 millones de euros al año en prevención, recuperar los usos rurales tradicionales del monte y aplicar ciencia para conocer mejor el territorio, según recoge La Opinión de Málaga. Sin ese cambio estructural, los grandes incendios seguirán siendo imposibles de controlar.
Los llamados incendios de «sexta generación» son fuegos que generan su propio clima. Crean vientos de hasta 100 km/h, columnas de humo de 10 kilómetros de altura y brasas que vuelan varios kilómetros por delante del frente. Ningún avión puede volar en esas condiciones. Ninguna autobomba puede acercarse, según explican expertos consultados por El Periódico de Aragón.
El cambio climático alarga las temporadas de sequía y sube las temperaturas. Pero los expertos señalan otro factor clave: el abandono del campo. Durante décadas, millones de personas dejaron los pueblos. El monte creció sin control. Hoy hay el doble de masa forestal que en 1960, lo que significa mucho más combustible disponible para arder, apunta La Provincia.
España gasta hoy unos 400 millones de euros al año en extinción de incendios forestales. Los expertos piden elevar la inversión total en prevención hasta 1.000 millones anuales. La diferencia es clave: apagar fuegos cuesta mucho más que evitarlos. Cada euro en prevención ahorra entre 7 y 10 euros en daños y extinción, según datos recogidos por Diario de Ibiza.
Esa inversión debería ir a gestión del monte, creación de cortafuegos, quemas prescritas controladas y formación de brigadas rurales. También a cartografía detallada del riesgo en cada zona. Sin mapas precisos de qué puede arder y cómo, los planes de emergencia llegan tarde, señala La Opinión de A Coruña.
Una de las soluciones más repetidas entre los especialistas es recuperar los usos rurales tradicionales. El ganado que pasta limpia el sotobosque. La recogida de leña reduce la acumulación de materia seca. Las rozas periódicas cortan la continuidad del combustible. Estas prácticas, comunes hace 50 años, casi han desaparecido, según recoge El Día.
Varios países europeos ya aplican «quemas prescritas»: fuegos controlados en invierno o primavera para eliminar combustible antes del verano. Portugal, Francia y Suecia las usan de forma sistemática. En España el marco legal todavía lo dificulta. Los expertos piden adaptar la normativa para permitir esta herramienta de forma más amplia, apunta La Opinión de Murcia.
España carece de un inventario forestal actualizado en muchas provincias. Sin saber qué hay en el monte —qué especies, qué densidad, cuánto combustible acumulado— es imposible planificar bien. Los investigadores piden una red nacional de sensores y drones que monitorice el riesgo en tiempo real, según La Opinión de Málaga.
El análisis científico también debe orientar la reforestación. Plantar solo pinos o eucaliptos crea bosques muy inflamables. Los expertos apuestan por mezclar especies autóctonas que soporten mejor la sequía y ardan con menos facilidad. El objetivo no es solo apagar más rápido, sino construir un paisaje que resista mejor al fuego del siglo XXI, concluye El Periódico.
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